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Naturalmente, la antigüedad nos ha legado muchas cosas relacionadas con el amor sensual, e incluso algunos ejemplos de conflicto entre el artista y los poderes públicos. Pero aquí, consideraremos todo este corpus como un bloque aparte, dotado de una especie de bula que le coloca por encima del bien y del mal, al igual que se hizo tradicionalmente hasta el siglo XVIII (en que empezaron a realizarse mutilaciones, "adaptaciones" y ocultaciones de este legado).
Situémonos, en los siglos finales de la Edad Media y los iniciales de la Moderna. Sólo las clases más acomodadas podían permitirse entonces los servicios de pintores, escultores y literatos, cuyas producciones (frescos, estatuas, manuscritos), eran piezas únicas, que quedaban sometidas al control directo de su dueño, cuando no fijadas sobre las propias paredes de sus mansiones. Libros y pinturas, eran caros productos de lujo, que se custodiaban celosamente. En lo referente, a las obras literarias, la mayoría de la población además no sabía leer.
La Modernidad
La situación, cambió por primera vez radicalmente con la invención de la imprenta en el siglo XV. Aunque, las obras impresas fuesen todavía muy caras y escasas, la posibilidad de hacer múltiples copias modificó por completo el panorama, por lo menos en lo que a las imágenes se refería. De ahí que en el siglo XVI empezasen a surgir los primeros choques entre los "artistas" y las "autoridades" y los primeros intentos, de imponer una censura por parte de éstas, como medio de controlar los contenidos que se pretendiese difundir.
La historia, de las continuadas luchas entre unos y otros está llena de detenciones, procesos, multas, encarcelamientos, confiscaciones, destierros y destrucciones de ejemplares. En algún, caso las cosas fueron más lejos, aunque afortunadamente fuese más bien la excepción que la regla. Théophile de Viau y Claude Le Petit fueron condenados a morir en la hoguera por haber escrito obras licenciosas en la Francia del siglo XVII. El primero, pudo salvar el pellejo poniendo tierra de por medio (aunque terminó siendo preso y murió pronto en la cárcel), pero el segundo fue quemado vivo en 1662.
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